
No había caído en cuenta sobre dos cosas. La primera que Marcela no se va hoy por la noche, es decir día
18 a su próximo destino, sino que mañana. Lo segundo, que por el carrete no había considerado los
15 centímetros de nieve que cayeron en Atenas, en una de las nevadas más fuertes de los últimos 20 años y que hace cuatro, que no sucedía algo así. Consecuencia: Al parecer viajo sola, y quizás incluso no tenga vuelo. Mi tíos son los únicos que entienden las noticias. Sólo miro las imágenes y no hay nada que hacer:
“ATENAS BAJO NIEVE”. Se cerraron las carreteras al aeropuerto, no hay taxis con cadenas, mi tío no tiene cadenas, mis primas no tiene cadenas, no puedes salir a la calle y menos nos hemos podido comunicar con
la línea Aérea Vueling, ni menos con el Aeropuerto Internacional Venizelos. Aún no almorzamos. Son las 14.00, llegan mis primos, almuerzo familiar de despedida, algunas fotos, algunos sentimientos de nostalgia por lo rápido que han pasado los días. Miro las ventanas de todo el piso, y la nieve está por todos lados. Primera vez que veo nevar, sólo había visto nieve en el suelo pero nada más. India como siempre. Mi tío hace esfuerzos increíbles para lograr la comunicación con la línea aérea. Son las 16 horas los primos se van, se despiden; mi maleta hecha y nada. No hay oficina de vueling aquí. Mi amiga Pao no puede hacer nada desde Barcelona. ¿Qué hacemos?. Salimos a las 20.00 horas desde
el piso de mis tíos, partimos al Aeropuerto. No hay cómo llegar al aeropuerto. No hay vuelos, no hay buses, no hay taxis, no hay nadie en la calle, sólo autos llenos de nieve y con los limpiaparabrisas en alto. Nada que hacer. Logramos ubicar un taxi que patina fuerte siete cuadras más abajo. El frió es alto. Llegamos al metro. El vendedor de tickets nos recomienda no ir porque no hay vuelos. Mi tozudez es más fuerte. Partimos igual, sólo quería saber cuál era el horario del nuevo vuelo, a esa hora me había hecho la idea de que no me iba esa madrugada.

Llegamos al aeropuerto como a las 12.00, pero la ventanilla sólo se abrió a las 2 de
la mañana. La gente dormía parada en los carros, no había espacio ya, pues habían suspendido 50 vuelos.

La respuesta de la línea fue obviamente que era una emergencia climática, nos dio la platita y hasta mañana a la misma hora.A las tres, salíamos otra vez del aeropuerto, cargadas, con 20 euros en el bolsillo canjeables para un restaurant.No había cómo comprar ticket de metro. Nos colamos. Éramos tres mujeres, cansadas, con carga, y sin ganas de vulnerar el sistema pero a esa hora valía la pena no lamentarse. A poco andar tuvimos que descender del metro. Ya a esa hora todo parecía un chiste. Bajamos y esperamos 15 minutos en el andén. Nos subimos al otro. Habíamos pasado por cinco estaciones, cuando por alto parlante – según mi tía bilingüe, Já Já- nos anuncia la real dimensión de la tragedia griega; es ahí donde comienza a tomar cuerpo la tremenda mala cueva que teníamos. “Puta chiquillas, no saben ná, no hay combinación en Monastiraki. Qué chucha vamos a hacer (mi tía con cara de ...por la mierda que hago con estas dos). Esa estación está en el sector de Plaka, en la Acrópolis misma. ¿Cómo les digo?. En cinco minutos quedaríamos botadas en el centro de Atenas a 45 minutos de la casa, a 2 horas con nieve, solas y cargadas. Las explicaciones no valían: el responsable la Puta nieve.

Bajamos no más del metro, qué más íbamos a hacer. Tiramos la maleta, me puse una bolsa en la cabeza y comenzamos nuestro ascenso por la escalera mecánica. A medida que subíamos dimensionábamos no sólo el nivel de la mala cueva, sino que el frío, el viento y las pelotas de nieve que se nos pegaban al cuerpo como imanes. Al salir de la estación la imagen era preciosa. Nieve, nieve… no era cualquier tipo de nieve, era nieve griega no de portillo ni de Placilla. Miramos el sector de la feria de Monastiraki, esa que visitamos con sol, divisé la iglesia del Mercado del Ágora, completamente cubierta de un manto blanco. Era para la foto, pero no era capaz de sacar la cámara porque eran las 4.30 de la mañana, sólo éramos tres almas, tirando maletas, capeando el frio y tratando de apretar cueva ante cualquier sospecha de asalto. Eso sí, era increible, todos los locales con luces, pero nadie, nadie, sólo unos personajes gritando por ahi que daban miedo.No sé en qué momento, pero se nos sumó un perro, que nos siguió todo el camino como un guardian. Caminamos, caminamos y caminamos, llegamos a la altura del Sintagma, donde hacen el cambio de guardia, y ahí recién vimos un taxi. Nos paró, nos subimos, pero el chofer nos aseguro- en griego obvio- que no sabía si era capaz de llevarnos hasta la casa, pero que iba a hacer el esfuerzo. A poco andar, quedaba un asiento disponible y el conductor pidio si podía llevar a una mujer sola. Bien. Se subió, pero estaba borracha y su olor era terrible. Por Dios! Ni sabía dónde iba. En fin, el buen samaritano en su más fuerte expresión. Se bajó en unas cuadras. Luego más allá una anciana, de pañuelo en la cabeza, encorvada, sola. ¿Me pueden decir ustedes, a esta altura, qué cresta puede hacer una anciana de mas o menos 86 años, cerca de las 5 de la mañana en medio de la ciudad?. ¿Venía del ginecólogo?¿Andaba comprando pan?. El chofer paró el auto por segunda vez. Bajó la ventana trasera y le preguntó donde iba. La mujer no supo explicar, no se podía subir… el chofer le dio un empujón la acomodó y
la sentó. La señora, por no decir un epíteto poco irrepetible, según ella, andaba cobrando una plata. ¿Cobrando plata?¿A quién? ¿Al cajero automático?...Ya ahí, yo quen iba sentada de copiloto volteé y le dije a mi tia: “Esta es una película verdad weona. Por qué no te llamay a Woody Allen..Mary por la puta, por que no le preguntay al chofer weona qué mierda hace la vieja a esta hora.!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Lo que es no saber el idioma. Aquí el Inglés tampoco servía de na. El conductor pregunta: “Señora donde viaja- según mi tía-“, La señora no sabe, no responde, ninguna de las anteriores, todas falso!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!. La mujer quería ir a Anno Pattisia. Ustedes sabrán que Anno Pattisia es la primera estación donde nosotros abordamos el metro para ir al Aeropuerto a las 22 horas y eran casi las 5 de la mañana y la vieja quería que nos devolviéramos allí. Ni cagando. La dejaron en el paradero siguiente. No se podía bajar. El conductor paciente, parece que era chileno, le ayudó a bajar. La vieja se bajó, pero no tenia plata…. No tenía plata. No pagó y el chofer perdonó. En fin, ya casi estábamos a punto de llegar a casa, digo a punto porque el chofer no pudo avanzar más que hasta la avenida principal de Galatsi. El resto de la pega era de nosotros. Cuesta arriba cuatro cuadras mas, acarreando no maletas, ya eran weas, no bolsos, sino que eran weas, no pies, sino que weas. Llegamos a las 5.30 de la mañana a
la casa. Mi tío Nikos se despierta con cara de: “Ven yo les dije”, si pensaba yo, si no me weis que había que hacerlo. Nos sacamos los pantalones, pusimos agüita y nos tomamos un café. A las 6.30 de la mañana nos acostamos. Ya no dábamos más de frió, de cansancio, de rabia, de risa, del sólo pensar que al día siguiente teníamos que volver al aeropuerto. Por eso supongo que le puse a este capítulo “Mala Cueva”
